La censura cinematográfica

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La censura no de nada más que considerar por parte de los gobernantes como simples súbditos a los ciudadanos del país, y además, como menores de edad y que por esta razón, hay que protegerlos del maligno.
Quizás no es muy conocido pero en nuestro país todavía hay películas censuradas y que, por tanto, no pueden ser exhibidas.
Aunque la ley de censura cinematográfica fue derogada en 1977, hay una película que el Tribunal Supremo no ha permitido exhibir. Se trata de un documental producido en 1980, titulado ROCIO, Que fue secuestrado pocos años después de su estreno. El Tribunal condenó a su autor por un delito de injurias porque la película apuntaba al capitoste de la brutal represión que sufrió el pueblo de Almonte (Huelva), cuna de las romerías del Rocío, durante el golpe de estado de 1936. El objetivo del documental era indagar, a través de las romerías, la represión franquista durante la guerra civil. Su director Fernando Ruiz Vergara era un activista del cine militante contra la dictadura, que vivió en Portugal hasta su muerte. Esta película fue su último trabajo cinematográfico.
Es un apasionado trabajo que aborda el fenómeno del Rocio y lo hace desde diferentes perspectivas: ¿qué hay de verdad en la aparición de la Virgen, el clasisme de las hermandades rocieras y las vinculaciones de estas con la represión ejercida por los partidas de la sublevación militar al principio de la guerra.
La censura se ha hecho siempre en varias vertientes. Desde cortes en las películas, cambios de escenas y modificaciones de diálogos, especialmente durante el doblaje. Ya Mussolini en 1930 obligó a doblar todas las películas al italiano y Franco no iba a ser menos con su Ley de Defensa del Idioma (Español) de 1941 que obligaba a doblar todas las películas. Esta ley que se derogó pocos años después.
La práctica de la censura ha sido habitual en España, con o sin dictaduras. Durante la II República el ministro de la Gobernación tenía facultades para prohibir cualquier película que tratara de desnaturalizar hechos histórico o que hicieran menoscabo del prestigio de Instituciones o personalidad de Nuestra patria. No hay que pensar que el franquismo sería prolífico en censurar al cine y ya en 1937 se constituyeron las primeras Juntas de Censura en Sevilla y en La Coruña que con la ley de prensa de 1938 se convierte en la Junta Superior de Censura.
La práctica de modificar los diálogos queda en manos de los grandes censores, siempre vinculados a la iglesia católica, que consideraban el cine como una gran escuela de perversión. Mediante un infame ministro de Información y Turismo, Gabriel Arias Salgado y su Junta Superior de Orientación Cinematográfica los años 50 son los de la época más oscura. De este críptico personaje es la frase de que antes de las normas de orientación, el 90% de los españoles iban al infierno. Ahora solo en 25%.
La censura y su libro de estilo, tenían un punto de gracia. Así prohibían utilizar expresiones como mierda , culo o incluso, invertido. Si se utilizaba la palabra Inquisición, Nunca se podía añadir española.
Para los censores era muy importante que las películas no justificaran determinadas acciones como el suicidio, el aborto y sobre todo, las perversiones sexuales ya que el objetivo era el de no despertar las bajas pasiones del espectador. Quizá por eso LA GRAN AVENTURA DE TARZAN (1959) donde el musculoso Gordon Scott salía desnudo, se calificó solamente para adultos para evitar los menores las tentaciones homosexuales.
También había que tener cuidado con las grandes estrellas de Hollywood que habían significado a favor de la República Española como Bette Davis, Charles Chaplin o Joan Crowford. Sus películas eran miradas una gran lupa censora.
Con la ley de prensa de Manuel Fraga en 1966 se relajar las normas de censura pero aún tendrían que pasar diez años para derogar definitivamente. Hoy un cierto tipo de censura todavía existe pero ahora son otras razones, que ya comentaremos en otra ocasión.
Cambrils, 13 de mayo de 2020

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